miércoles, 20 de enero de 2016

ACTIVIDAD VOLUNTARIA

                         Harry Potter

Ahora mismo soy el jefe del Ministerio de Magia. Estoy bastante preocupado porque otro mal acecha el colegio Hogwarts. Además  mi hijo Albus Severus Potter, se encuentra estudiando allí en ese momento. Parece ser que el colegio está embrujado, ya que Lord Voldemort justo antes de morir embrujó el colegio. Ese mal está matando a gente del colegio, y lo malo es que nadie que esté en Hogwarts puede salir. En el cielo que cubre Hogwarts estaban escrita una frase “Si queréis sobrevivir todo aquella persona que se encuentra en Hogwarts, Harry Potter deberá ser destruido”. En ese momento me di cuenta de que volvía a estar en otro gran problema, era morir yo o que todo el mundo que estuviese en el colegio muriese; incluido mi hijo. Me pregunté a mi mismo si todavía mi alma seguía estando unida a Lord Voldemort, que si era mi destino tener que morir para matar definitivamente a Lord Voldemort. Me reuní rápidamente al Ministerio de Magia y convoqué una reunión. Evidentemente todo el mundo sabía lo que estaba ocurriendo, y sabían que tenía que tomar una decisión lo antes posible. Les pregunté si alguien conocía un hechizo lo suficientemente fuerte para desactivar el embrujamiento, pero me di cuenta de que si yo no lo sabía, el mago más poderoso del mundo nadie lo iba a saber. Entonces tomé una decisión, debía morir por Hogwarts, no tenía otra opción, me dirigí a Hogwarts, de todos mis amigos, en los que se encontraba Hermione Granger y mi mejor amigo Ron Wesley, que además era el encargado de matarme. Me hubiera gustado haberme despedido de mi hijo, pero seguro que de algún modo me estará viendo. Le dije a Ron que cogiese la varita y me matase. Ron la cogió y con un avada kedrava me desplomé al instante.
De repente me desperté en mi casa, estaba sudando muchísimo, todo era simplemente una pesadilla, las típicas pesadillas que tenía cuando Lord Voldemort vivía. Alcé la cabeza, vi que todo estaba en orden y me dirigí al balcón de mi casa y comprendí que nunca más iba a ver ningún mal en el mundo.


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